viernes, 13 de febrero de 2015

EN ARMONÍA


Vivía plácidamente en un valle, fluyendo con la naturaleza, con actitud meditativa, la mente abierta, el corazón contento. Era un yogui entrado en años y ni un solo día en los últimos años había dejado de sentirse en equilibrio. Aunque no impartía enseñanza, la gente se sentía tan bien y sosegada a su lado que comenzó a ser muy conocido en las localidades cercanas. Y un día un grupo de filósofos que estaban de viaje, habiendo oído hablar de él, decidieron acudir a visitarlo. Ellos tenían muchos conocimientos, pero no gozaban de paz ni de contento. Al atardecer de un día tibio, los filósofos llegaron al exuberante valle. Un riachuelo serpenteaba entre los árboles y los pájaros no dejaban de trinar, como si quisieran con sus melódicos trinos despedir al sol poniente. El yogui estaba sentado apaciblemente en la pradera; un perro dormitaba confiado a su lado. Los filósofos llegaron hasta el yogui y le saludaron. Después preguntaron: 

— ¿Qué haces, buen hombre? — Estoy —repuso con tranquilidad el yogui. — ¿Estás en meditación? — Siempre estoy en meditación. 
Los filósofos se miraron entre ellos, dudando de si el hombre estaba en sus cabales. 
— ¿Te estamos molestando? —Jamás me sentiría molestado por una criatura. Estoy dichoso de veros, como lo estaba de no veros. 
Los filósofos cada vez estaban más extrañados. No podían creerse tanta paz, tanto equilibrio, tanta ternura y cordialidad. 
— ¿No te aburres aquí solo? —preguntaron. — ¿Solo? Nunca estoy solo. Estoy con mi Ser interno, que es el mismo que el de este perro, el de aquella cabra, el de aquel árbol y el del cantarín riachuelo. 
El yogui ofreció unas frutas a los visitantes, que se sentaron a su alrededor. 
— Hemos venido de lejos —dijeron—. Somos filósofos; cultivamos el pensamiento; investigamos a través de la lógica. — ¡Ah! —exclamó el yogui. — Pero no encontramos la paz —se lamentaron. — ¡Ah! 
Todos juntos degustaron las frutas. Después, uno de los filósofos hizo una pregunta directa, que es la que todos estaban deseando formular: 
— ¿Cómo has conseguido tanta paz, tan contagioso sosiego, tanta calma imperturbada? 
Una sonrisa asomó a los labios del yogui. El perro movió la cola. Olía al follaje perfumado. El hombre dijo: 
— ¿De verdad queréis saberlo? — Sí, y te lo agradeceríamos de por vida. — Pues no hay gran secreto en ello, ¿sabéis? —dijo—. Estoy en armonía. Estoy en armonía con las nubes, las aves, los astros, los búfalos y los campesinos. Estoy en armonía, siempre en armonía. Vivo con los vivos y muero con los muertos. 
Y en ese instante su corazón dejó de latir. 

EL MAESTRO DECLARA: NO ORIGINES TENSIÓN INNECESARIA NI CONTIGO NI CON LOS DEMÁS NI CON EL CURSO DE LOS ACONTECIMIENTOS; ASÍ ESTARÁS EN ARMONÍA. 

martes, 2 de diciembre de 2014

DISCURSO DE GHANDI, 1925


Creo en mí mismo; creo en los que trabajan conmigo; creo en mis amigos; creo en mi familia.
Creo que Dios me prestará todo lo que necesito para triunfar, mientras que yo me esfuerce para alcanzarlo con medios lícitos y honestos.

Creo en las oraciones y nunca cerraré mis ojos para dormir, sin pedir antes la debida orientación a fin de ser paciente con los otros y tolerante con los que no creen como yo creo.

Creo que el triunfo es el resultado del esfuerzo inteligente, que no depende de suerte, de magia, de amigos, compañeros dudosos o de jefes.

Creo que sacaré de la vida exactamente lo que coloqué en ella.

Y siendo así , seré cauteloso cuando trate a los otros, como quiero que ellos sean conmigo...

No calumniaré a aquellos que no me gustan; no disminuiré mi trabajo por ver que los otros lo hacen; prestaré el mejor servicio de que soy capaz, porque me juré a mí mismo triunfar en la vida, y sé que el triunfo es siempre resultado del esfuerzo consciente y eficaz.
Finalmente, perdonaré a los que me ofenden, porque comprendo que algunas veces yo también ofendo a los otros y necesito perdón.

“CUANDO UN ÚNICO HOMBRE ALCANZA LA PLENITUD DEL AMOR, NEUTRALIZA EL ODIO DE VARIOS..." 

Discurso de Gandhi, 1925

domingo, 5 de octubre de 2014

A LOS PESIMISTAS


A los que son pesimistas y se atormentan de forma perpetua, tengo ganas de decirles: ¡Que necios sois! Un día, en Estados Unidos, me encontré con una mujer tremendamente infeliz sin razón alguna. Le dije: <<¡No te pongas triste! Eres joven, todavía te quedan muchos años por vivir, ¡no tienes ninguna razón para atormentarte!>>. Me preguntó que por qué me metía en sus asuntos. Me entristecí. Le respondí que de nada servía decir eso. Le cogí de la mano, le di un cachete amistoso y ella cambio de actitud.
No podemos ayudar a este tipo de personas más que con amor y afecto. Pero no un amor de fachada, con palabras vanas, sino algo que venga del corazón. Cuando discutimos, apelamos a la razón, pero cuando manifestamos amor o ternura, nos comunicamos directamente. Finalmente, aquella mujer cambió. Se echó a reír de buena gana.
Si eres pesimista, piensa que formas parte de la sociedad, y que los humanos, en lo más profundo de su ser, experimentan naturalmente el amor para con los demás. Siempre encontrarás entre ellos alguno con quien depositar tu esperanza, alguno digno de ser tomado como ejemplo. Atormentarse no sirve para nada.
Da a tus pensamientos un giro positivo. Es un error decir que todo el mundo es malo. Hay seres de malos instintos, es cierto, pero eso no quiere decir que todos los seres sean dañinos. También hay muchos que son nobles y generosos.

Los que perciben el mundo de esta manera no confían en nadie y se sienten solos. Se sienten solos, en el fondo, porque no piensan suficiente en los demás, se les juzga según uno mismo, y uno se imagina que ellos nos perciben de la misma forma que nosotros a ellos. En este caso, el sentimiento de soledad no es sorprendente.

(Dalai Lama, Consejos del Corazón)

jueves, 4 de septiembre de 2014

PARA LEER LA ÚLTIMA NOCHE DEL AÑO Y CADA DÍA


LAS 7 REGLAS DE PARACELSO


Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso o Teofrasto Paracelso (Einsiedeln 1493 - Salzburgo 1541), fue un alquimista, médico y astrólogo suizo. Contemporáneo de Copérnico, Lutero, Leonardo da Vinci y toda una cohorte de mentes que propiciaron el salto desde la Edad Media hasta el Mundo moderno.

En sus reglas, Paracelso habla de una salud holística, de la importancia de los pensamientos positivos y de estar conectados con nuestro interior, del valor del silencio y la discreción, como también afirmaba Sócrates en sus tres tamices, de la confianza en la Vida y por supuesto, de ser buenas personas.

LAS 7 REGLAS:

lunes, 1 de septiembre de 2014

domingo, 20 de julio de 2014

EL PROBLEMA DE DESCONOCER NUESTRA MENTE


Necesitamos conocernos a nosotros mismos. Tenemos una idea equivocada sobre nosotros mismos. Cuando discutimos con alguien nosotros siempre echamos la culpa fuera y decimos que no somos nada de lo que nos reprochan pero ¿es cierto? Para mejorar como personas necesitamos ser más auto-críticos y empezar a reconocer, estudiar y trabajar los defectos que tenemos. Necesitamos arrojar luz a nuestro interior por medio de la lectura pausada y reflexiva, la práctica de la meditación y otras técnicas que iremos explicando.

"No obstante, ya seamos religiosos o materialistas, creyentes o ateos, es crucial que sepamos cómo funciona nuestra propia mente. En caso contrario, iremos por el mundo creyendo que estamos equilibrados, cuando, en realidad, la profunda raíz de las emociones aflictivas, la verdadera causa de todas las enfermedades psicológicas, se encuentra ahí, creciendo en nuestro interior. A causa de ello, basta con que cambie mínimo detalle externo, o que algo insignificante no funcione bien, para que pocos segundos después estemos completamente trastornados. Esto muestra, a mi modo de ver, que estamos mentalmente enfermos. ¿Por qué? Porque estamos obsesionados con el mundo de los sentidos, cegados por el apego y bajo el control de la causa fundamental de todos los problemas: desconocer la naturaleza de nuestra propia mente." 

Cita del libro "Sé tu propio terapeuta" del Lama Thubten Yeshe