James Hillman es un psicólogo y analista junguiano estadounidense. En esta conferencia nos habla del paganismo; de la importancia de la mitología, de entender ésta como historias que están vivas, llenas de actualidad y que tienen que ver con nosotros y con nuestra psicología. También nos habla de la relación entre lo mitológico y lo patológico ejemplificando esa relación con algunos mitos.
domingo, 18 de octubre de 2015
lunes, 21 de septiembre de 2015
LABERINTO
Las primeras referencias al laberinto las encontramos en los relatos míticos de la Grecia antigua. Es la denominación que se le da al palacio del rey Minos de Creta, construido a base de numerosas e intrincadas estancias. Posteriormente, pasó a emplearse para el recinto construido por Dédalo para encerrar al Minotauro, y en el que Teseo entró para matar al monstruo, logrando salir después siguiendo el rastro de un hilo que le había entregado Ariadna. Por tanto, en el relato mítico, el laberinto tiene el valor de prueba que el héroe debe superar. La dificultad para encontrar la salida hace que se identifique con los caminos de difícil acceso o el recorrido largo y penoso hasta llegar a lo deseado.
El laberinto también fue utilizado en algunos ritos africanos en los que se enseñaba al neófito a no perderse e ir directo a lo largo de su vida hacia el centro espiritual, hacia la inmortalidad.
Con el tiempo, el laberinto fue tomado como motivo por el arte cristiano, de tal manera que lo encontramos representado en el suelo de muchas iglesias medievales (sobre todo durante el gótico) simbolizando de alguna manera la existencia terrenal, donde el hombre debe superar un largo y tortuoso camino cargado de pruebas y dificultades hasta llegar a la vida eterna, la salvación, representada en el centro del laberinto como manifestación de la Jerusalén celestial. En íntima conexión con estas ideas, encontramos esos laberintos en el pavimento como representación abreviada de las peregrinaciones a los santos lugares.
EL TAZÓN DE LECHE
El discípulo se lamentaba ante su maestro:
—Ya ni siquiera encuentro disfrute en lo placentero. Mi mente está tan insatisfecha que incluso las cosas agradables han dejado de serlo para mí. Hasta lo deleitable se toma amargo.
—Cuando la mente no está en equilibrio y sosiego, no se puede disfrutar de nada, efectivamente —dijo el maestro.
—Pero ¿por qué? —preguntó angustiado el discípulo.
—Lo entenderás mejor si haces lo que te diga. Busca un enfermo grave y dale un tazón de leche dulce. Después vuelve aquí y cuéntame lo sucedido.
Aunque la petición era muy extraña, el discípulo decidió hacer lo que le pedía el maestro. En el pueblo se enteró de que había un enfermo muy grave. Acudió a visitarlo, con un tazón de leche dulce y se la dio a beber, ayudándole a incorporarse lo necesario para tomarla. El enfermo, al probar la leche, hizo una mueca de asco y protestó:
—¡Qué amargo está esto!
Cuando el discípulo le contó el hecho al maestro, éste dijo: —¿Te das cuenta? Si la mente no está bien, nada está bien.
Cuando hay amargura en la mente, esa amargura se proyecta e impregna incluso lo más bello y placentero. La mente que no ha evolucionado puede hallar diversión y aburrimiento, placer y dolor: pero jamás la dulzura que solo procura una mente en la que han brotado factores de iluminación como la sabiduría, el contento, el sosiego y la compasión.
(Ramiro Calle, Cuentos espirituales del Himalaya)
EL RAJA-YOGA
Es una de las disciplinas más antiguas y elaboradas del Yoga en su aspecto más amplio y profundo. Su conocimiento se debe esencialmente al sabio maestro Patanjali, del que deja testimonio de su origen y su método en uno de los escritos más antiguos sobre el yoga que se conocen, el YOGA SUTRA.
El Raja Yoga es también considerado como “el rey de los Yogas” por muchos expertos, ya que abarca toda una disciplina de purificación, activación de todas las energías generadas por el ser humano, dominio de la mente, despertar de la conciencia y liberación del ciclo de nacimientos y muertes.
El Raja Yoga sigue una profunda didáctica donde vamos alcanzando todos los dominios de las diferentes parcelas de la vida y del ser humano desde lo más exterior hasta lo más interior y real de sí mismos. Está compuesto por ocho etapas las cuales son:
Yama: perfección en los valores éticos que establecen el equilibrio y armonía con los demás seres humanos y el medio ambiente en que vivimos.
Niyama: búsqueda de la pureza, la alegría del corazón, rectitud, estudio y entrega a Dios.
Asana: dominio de las postura, control del cuerpo físico.
Pranayama: dominio de la ciencia del Prana o aliento vital para generar estados energéticos superiores.
Pratyahara: la capacidad para abstraernos de los sentidos externos y tener una percepción objetiva y clara de nuestro mundo interior
Dharana: dominio de la concentración de la mente a través de la voluntad creadora.
Dhyana: dominio de la meditación para alcanzar el estado de contemplación
Samadhi: liberación de la conciencia y experiencia mística de la presencia divina y eterna. Este estado también recibe en otras culturas el nombre de sunyata, satori, etc…
El Raja Yoga nos lleva al conocimiento de sí mismos, nos enseña a ser más comprensivos, pacientes y tolerantes con los defectos ajenos, cultiva el amor y el perdón, genera una espiritualidad basada en la experiencia, nos guía hacia la conciencia, satisface la sed del alma, serena la mente, desarrolla las facultades latentes, nos conduce hacia la sabiduría, nos hace alcanzar la Gnosis o Gnana-Yoga, el conocimiento.
El Raja-Yoga debe de convertirse en un camino de desarrollo interior, íntimo y personal donde podamos gozar de todas las bondades que encierra nuestro corazón y poder transformar todos los valores subjetivos de nuestra mente, con el objeto de aprender a contemplar el mundo y a sí mismos desde una perspectiva más honesta, real, profunda, reveladora y dichosa.
El Raja-yoga es una enseñanza que desde tiempos muy antiguos está dirigida al espíritu de toda la humanidad.
Fuente: Meditación Orihuela - CIAG
martes, 15 de septiembre de 2015
SOBRE EL AMOR…
Gran cosa es el amor: un bien inmenso, ciertamente; es lo único que hace ligero cuanto es penoso, y hace que se sufra con ánimo igual todo lo desigual. Porque lleva el peso sin sentirlo, y todo lo amargo lo torna dulce y sabroso.
El noble amor de Jesús nos empuja a llevar a cabo grandes empresas y nos mueve a desear siempre lo más perfecto. El amor, de suyo impetuoso, tiende hacia las cumbres, y no consiente que las cosas rastreras los detengan aquí abajo.
(...) No hay nada más dulce que el amor; nada más fuerte, nada más alto y sublime; nada más vasto, ni más delicioso ni más cumplido; no hay nada mejor en el cielo ni en la tierra. Como que el amor nació de Dios, y por eso no puede descansar más que en Dios, elevándose por encima de todas las cosas creadas.
El que ama corre, vuela y está poseído de la alegría; es libre y nada ni nadie es capaz de retenerlo en su carrera. (...)
Tomás de Kempis
REALIDAD
¿Por qué, a pesar de nuestro profundo deseo de ser felices, hemos de enfrentarnos sin interrupción al sufrimiento y al dolor? Desde el punto de vista budista, porque tenemos ciertas concepciones “defectuosas” en cuanto a la manera de percibir el mundo y de conectarnos otra vez a él. A raíz de esta mentira, el budismo identifica cuatro puntos de vista erróneos.
1) El primero consiste en contemplar como eternas, permanentes e invariables las cosas y los acontecimientos que son inconstantes y transitorios.
2) El segundo valora el hecho de percibir como muy agradables las cosas y los acontecimientos que son fuente de descontento y sufrimiento.
3) El tercer punto de vista erróneo es que a menudo tenemos tendencia a considerar puras y deseables las cosas que son impuras.
4) Y el cuarto reside en nuestra tendencia a proyectar una noción de existencia concreta sobre los acontecimientos y las cosas que, en realidad, carecen de tal autonomía.
Dalai Lama
¿QUIÉN ES? (CUENTO)
El amante llamó a la puerta de su amada. «¿Quién es?», preguntó la amada desde dentro. «Soy yo», dijo el amante.
«Entonces márchate. En esta casa no cabemos tú y yo».
El rechazado amante se fue al desierto, donde estuvo meditando durante meses, considerando las palabras de la amada. Por fin regresó y volvió a llamar a la puerta. «¿Quién es?». «Soy tú».
Y la puerta se abrió inmediatamente.
(Anthony de Mello, El canto del pájaro)
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