domingo, 5 de junio de 2016

MITO Y REALIDAD - MIRCEA ELIADE


Para el gran historiador de las religiones, Mircea Eliade, el mito es una realidad. No es sólo una imagen del pasado, sino un instrumento que el ser humano utiliza continuamente para percibir lo sagrado. Para ilustrar esta impresionante conclusión Eliade se adentra en las mitologías de la antigua Grecia, de los romanos, de los aborígenes de Australia, de los Vedas, del Medioevo europeo… o de las obras de Picasso, Joyce o Ionesco. Un libro del que tanto el especialista como el gran público sacarán un profundo provecho.



LA LEY DEL PÉNDULO


Resulta interesante tener un reloj de pared en casa, no sólo para saber las horas sino también para reflexionar un poco.
Sin el péndulo el reloj no funciona; el movimiento del péndulo es profundamente significativo.
En los antiguos tiempos el dogma de la evolución no existía; entonces, los sabios entendían lo de que los procesos históricos se desenvuelven siempre de acuerdo con la Ley del Péndulo.
Todo fluye y refluye, sube y baja, crece y decrece, va y viene de acuerdo con esta Ley maravillosa.
Nada tiene de extraño que todo oscile, que todo esté sometido al vaivén del tiempo, que todo evolucione e involucione.
En un extremo del péndulo está la alegría, en el otro el dolor; todas nuestras emociones, pensamientos, anhelos, deseos, oscilan de acuerdo con la Ley del Péndulo.
Esperanza y desesperación, pesimismo y optimismo, pasión y dolor, triunfo y fracaso, ganancia y pérdida, corresponden ciertamente a los dos extremos del movimiento pendular.
Surgió Egipto con todo su poderío y señorío a orillas del río sagrado, mas cuando el péndulo se fue al otro lado, cuando se levantó por el extremo opuesto cayó el país de los faraones y se levantó Jerusalem, la ciudad querida de los Profetas.
Cayó Israel cuando el péndulo cambió de posición y surgió en el otro extremo el Imperio Romano.
El movimiento pendular levanta y hunde Imperios, hace surgir poderosas Civilizaciones y luego las destruye, etc.
Podemos colocar en el extremo derecho del péndulo las diversas escuelas seudo-esotéricas y seudo-ocultistas, religiones y sectas.
Podemos colocar en el extremo izquierdo del movimiento pendular a todas las escuelas de tipo materialista, Marxista, ateísta, escepticista, etc. Antítesis del movimiento pendular, cambiantes, sujetas a permutación incesante.
El fanático religioso, debido a cualquier acontecimiento insólito o decepción, puede irse al otro extremo del péndulo, convertirse en ateísta, materialista, escéptico.
El fanático materialista, ateísta, debido a cualquier hecho inusitado, tal vez un acontecimiento metafísico trascendental, un momento de terror indecible, puede llevarle al extremo opuesto del movimiento pendular y convertirle en un reaccionario religioso insoportable.
Ejemplos: Un sacerdote vencido en una polémica por un Esoterista, desesperado se tornó incrédulo y materialista.
Conocimos el caso de una dama ateísta e incrédula que debido a un hecho metafísico concluyente y definitivo, se convirtió en una exponente magnífica del esoterismo práctico.
En nombre de la verdad, debemos declarar que el ateísta materialista verdadero y absoluto, es una farsa, no existe.
Ante la proximidad de una muerte inevitable, ante un instante de indecible terror, los enemigos de lo eterno, los materialistas e incrédulos, pasan instantáneamente al otro extremo del péndulo y resultan orando, llorando y clamando con fe infinita y enorme devoción.
El mismo Carlos Marx, autor del Materialismo Dialéctico, fue un fanático religioso judío, y después de su muerte, le rindieron pompas fúnebres de gran rabino.
Carlos Marx, elaboró su Dialéctica Materialista con un sólo propósito: "CREAR UN ARMA PARA DESTRUIR A TODAS LAS RELIGIONES DEL MUNDO POR MEDIO DEL ESCEPTICISMO".
Es el caso típico de los celos religiosos llevados al extremo; en modo alguno podría aceptar Marx la existencia de otras religiones y prefirió destruirlas mediante su Dialéctica.
Carlos Marx cumplió uno de los Protocolos de Sión que dice textualmente: "No importa que llenemos el mundo de materialismo y de repugnante ateísmo, el día en que nosotros triunfemos, enseñaremos la religión de Moisés debidamente codificada y en forma dialéctica, y no permitiremos en el mundo ninguna otra religión".
Muy interesante resulta que en la Unión Soviética las religiones sean perseguidas y al pueblo se le enseñe dialéctica materialista, mientras en las sinagogas se estudia el Talmud, la Biblia y la religión, y trabajan libremente sin problema alguno.
Los amos del gobierno Ruso son fanáticos religiosos de la Ley de Moisés, mas ellos envenenan al pueblo con la farsa esa del Materialismo Dialéctico.
Jamás nos pronunciaríamos contra el pueblo de Israel; sólo estamos declarando contra cierta élite de doble juego que, persiguiendo fines inconfesables, envenena al pueblo con Dialéctica Materialista, mientras en secreto practica la religión de Moisés.
Materialismo y espiritualismo, con toda su secuela de teorías, prejuicios y pre-conceptos de toda especie, se procesan en la mente de acuerdo con la Ley del Péndulo y cambian de moda de acuerdo con los tiempos y las costumbres.
Espíritu y materia son dos conceptos muy discutibles y espinosos que nadie entiende.
Nada sabe la mente sobre el espíritu, nada sabe sobre la materia.
Un concepto no es más que eso, un concepto. La realidad no es un concepto aunque la mente puede forjarse muchos conceptos sobre la realidad.
El espíritu es el espíritu (El Ser), y sólo a sí mismo puede conocerse.
Escrito está: "EL SER ES EL SER Y LA RAZÓN DE SER ES EL MISMO SER".
Los fanáticos del Dios materia, los científicos del Materialismo Dialéctico son empíricos y absurdos en un ciento por ciento. Hablan sobre materia con una auto-suficiencia deslumbrante y estúpida, cuando en realidad nada saben sobre la misma.
¿Qué es materia? ¿Cuál de estos tontos científicos lo sabe? La tan cacareada materia es también un concepto demasiado discutible y bastante espinoso.
¿Cuál es la materia?, ¿El algodón?, ¿El hierro?, ¿La carne?, ¿El almidón?, ¿Una piedra?, ¿El cobre?, ¿Una nube o qué? Decir que todo es materia seria tan empírico y absurdo como asegurar que todo el organismo humano es un hígado, o un corazón o un riñón. Obviamente una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, cada órgano es diferente y cada sustancia es distinta. Entonces, ¿cuál de todas estas substancias es la tan cacareada materia?
Con los conceptos del péndulo juega mucha gente, pero en realidad los conceptos no son la realidad.
La mente solamente conoce formas ilusorias de la naturaleza, pero nada sabe sobre la verdad contenida en tales formas.
Las teorías pasan de moda con el tiempo y con los años, y lo que uno aprendió en la escuela resulta que después ya no sirve; conclusión: nadie sabe nada.
Los conceptos de la extrema derecha o de la extrema izquierda del péndulo pasan como las modas de las mujeres, todos esos son procesos de la mente, cosas que suceden en la superficie del entendimiento, tonterías, vanidades del intelecto.
A cualquier disciplina psicológica se le opone otra disciplina, a cualquier proceso psicológico lógicamente estructurado, se le opone otro semejante, ¿y después de todo, qué?
Lo real, la verdad, es lo que nos interesa; más esto no es cuestión del péndulo, no se encuentra entre el vaivén de las teorías y creencias.
La verdad es lo desconocido de instante en instante, de momento en momento.
La verdad está en el centro del péndulo, no en la extrema derecha y tampoco en la extrema izquierda.
Cuando a Jesús le preguntaron: ¿Qué es la verdad?, guardó un profundo silencio. Y cuando al Budha le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró.
La verdad no es cuestión de opiniones, ni de teorías, ni de prejuicios de extrema derecha o de extrema izquierda.
El concepto que la mente puede forjarse sobre la verdad, jamás es la verdad.
La idea que el entendimiento tenga sobre la verdad, nunca es la verdad.
La opinión que tengamos sobre la verdad, por muy respetable que aquélla sea, en modo alguno es la verdad.
Ni las corrientes espiritualistas ni sus oponentes materialistas, pueden conducirnos jamás a la verdad.
La verdad es algo que debe ser experimentado en forma directa, como cuando uno mete el dedo en el fuego y se quema, o como cuando uno traga agua y se ahoga.
El centro del péndulo está dentro de nosotros mismos, y es allí donde debemos descubrir y experimentar en forma directa lo real, la verdad.
Necesitamos auto-explorarnos directamente para auto-descubrirnos y conocernos profundamente a sí mismos.
La experiencia de la verdad sólo adviene cuando hemos eliminado los elementos indeseables que en su conjunto constituyen el mi mismo.
Sólo eliminando el error viene la verdad. Sólo desintegrando el "Yo mismo", mis errores, mis prejuicios y temores, mis pasiones y deseos, creencias y fornicaciones, encastillamientos intelectuales y auto-suficiencias de toda especie, adviene a nosotros la experiencia de lo real.
La verdad nada tiene que ver con lo que se haya dicho o dejado de decir, con lo que se haya escrito o dejado de escribir, ella solamente adviene a nosotros cuando el "mí mismo" ha muerto.
La mente no puede buscar la verdad porque no la conoce. La mente no puede reconocer la verdad porque jamás la ha conocido. La verdad adviene a nosotros en forma espontánea cuando hemos eliminado todos los elementos indeseables que constituyen el "mi mismo", el "yo mismo".
En tanto la conciencia continúe embotellada entre el yo mismo, no podrá experimentar eso que es lo real, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, eso que es la verdad.
Cuando el mi mismo queda reducido a polvareda cósmica, la conciencia se libera para despertar definitivamente y experimentar en forma directa la verdad.
Con justa razón dijo el Gran Kabir Jesús: "CONOCED LA VERDAD Y ELLA OS HARÁ LIBRES".
¿De qué sirve al hombre conocer cincuenta mil teorías si jamás ha experimentado la Verdad?
El sistema intelectual de cualquier hombre es muy respetable, mas a cualquier sistema se le opone otro y ni uno ni otro es la verdad.
Más vale auto-explorarnos para auto-conocernos y experimentar un día en forma directa, lo real, la VERDAD.


(Samael Aun Weor, La Gran Rebelión)

PADRE Y DOS HIJAS


Un padre tenía dos hijas. Una casó con un hortelano y la otra con un fabricante de ladrillos.
Al cabo de un tiempo fue a visitar a la casada con el hortelano, y le preguntó sobre su situación.
Ella dijo:
– Todo está de maravilla conmigo ..
– ¡pero sí tengo un deseo especial!
– que llueva todos los días con abundancia para que así las plantas tengan siempre suficiente agua.
Pocos días después visitó a su otra hija, también preguntándole sobre su estado.
Y ella le dijo:
– No tengo quejas, solamente un deseo especial.
– ¡que los días se mantengan secos, sin lluvia, con sol brillante!
– Así los ladrillos sequen y endurezcan muy bien.
El padre meditó:
– si una desea lluvia, y la otra tiempo seco ..
– ¿a cual de las dos le adjunto mis deseos?

Maestro: es imposible complacer y quedar bien con todo el mundo.


Fuente: fábula de Esopo, el escritor famoso de la antigua Grecia

EGO CRISTIANO


Una vez visitó un cristiano a un maestro Zen y le dijo:
– Permíteme que te lea algunas frases del Sermón de la Montaña.
– Las escucharé con mucho gusto, – replicó el maestro.
El cristiano leyó unas cuantas frases y se le quedó mirando.
El maestro sonrió y dijo:
– Quienquiera que fuese el que dijo esas palabras, ciertamente fue un hombre iluminado.
Esto agradó al cristiano, que siguió leyendo.
El maestro le interrumpió y le dijo:
– Al hombre que pronunció esas palabras podría realmente llamársele Salvador de la humanidad.
El cristiano estaba entusiasmado y siguió leyendo hasta el final.
Entonces dijo el maestro:
– Ese sermón fue pronunciado por un hombre que irradiaba divinidad.
La alegría del cristiano no tenía límites. Se marchó decidido a regresar otro día y convencer al maestro Zen de que debería hacerse cristiano. Al regresar a su casa, se encontró con Cristo, que estaba sentado junto al camino.
– ¡Señor, – le dijo entusiasmado
– He conseguido que aquel hombre confiese que eres divino!
Jesús se sonrió y dijo:

– ¿Y qué has conseguido sino hacer que se hinche tu ‘ego’ cristiano?

Fuente: cuento de Anthony de Mello

PROMETEO // MIT. GRIEGA



Hijo del titán Japeto y de la oceánica Climena. Es un símbolo de la especie humana en su lucha por afirmarse frente a la adversidad y dominar la Naturaleza poniéndola a su servicio. Los dioses eran, en un principio, adversos a los humanos; Zeus desató el diluvio universal con el fin de barrerlos de la faz de la Tierra. Prometeo aconsejó a su hijo Deucalión que Construyese un arca, donde podían salvarse él y su mujer, asegurando así la permanencia de los humanos. Muchos son los beneficios que Prometeo dio a los hombres: la medicina, la navegación, la domesticación de los animales, la medida del tiempo, el alfabeto, etc. Robó en el Olimpo el fuego sagrado, el cual dio a los hombres. Todo esto provocó la envidia de los dioses, y Zeus, iracundo, ordenó a Hefesto que encadenase a Prometeo a un alto pico del Cáucaso, y que durante el día un águila le devorase el hígado, que volvía a crecer durante la noche, y así eternamente. También ordenó que igual suplicio sufriese en el Tártaro, de donde no saldría hasta que otro ser inmortal ocupase su sitio. Pero Prometeo sabía un secreto de Zeus que podía comprometer su porvenir como dios supremo. Con la idea de que le dijese el secreto, consintió en que Heracles matase al águila de un flechazo y fuese liberado Prometeo. El secreto era que Si Zeus tenia un hijo con Tetis, dicho hijo sería más poderoso que el padre. En vista de ello, Zeus dio a Tetis en matrimonio a Peleo, de cuya unión nació Aquiles. 


sábado, 21 de mayo de 2016

LA IDENTIFICACIÓN O APEGO



La identificación es una característica del sueño de la conciencia. Es una actitud que ata, amarra o esclaviza al ser humano. El apego o más bien dicho: la identificación, le impide a las personas ser libres de verdad y puede conducir a alguien hasta la muerte. Pedro Demianoviche Ouspensky, en sus Conferencias psicológicas, explica que la identificación, generalmente es llamada interés, entusiasmo, pasión o devoción.

Con más propiedad, Ouspensky, en su obra: El Cuarto Camino explica que: “nuestras funciones están acompañadas de cierta actitud; nos absorbemos demasiado en las cosas, nos perdemos demasiado en las cosas, particularmente cuando aparece el más leve elemento emocional. Esto se llama identificación. Nos identificamos con las cosas. No es una palabra muy buena, pero en nuestro idioma no hay otra mejor. La idea de la identificación existe en los escritos indios, y los budistas hablan de apego y desapego. Estas palabras me parecen incluso menos satisfactorias porque, antes de encontrar este sistema, leí estas palabras y no las entendí, o más bien las entendí pero tomé la idea intelectualmente”.

En el Bhágavad Guitá, Parte II, titulada: “Enseñanza esotérica” de la traducción de Ramacharaka y publicada por Kier, se lee lo siguiente: “Del apego surge el deseo, del deseo la pasión, de la pasión la insensatez, de la insensatez la apetencia sin freno. De la desenfrenada apetencia resulta el olvido, del olvido la falta de discernimiento y de esta la pérdida de todo lo demás”. Más adelante se lee en este monumental canto: “actúa sin apegos y realiza el trabajo que debas hacer, pues el hombre cuyo trabajo es puro obtiene sin duda lo Supremo”.

En otra versión del mismo texto sagrado se lee: El apego surge del deleite en los placeres de los sentidos; del apego surge el deseo y del deseo, la lujuria y el ansia de posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira.  La pasión turba a la mente y merma la memoria, haciéndonos olvidar nuestro deber. Esto acarrea la insensatez, y la insensatez lleva al hombre a la destrucción. Pero el alma que a pesar de estar en el mundo de los sentidos, mantiene sus sentidos bajo control está libre de apego y descansa serena.

Otros versos del Canto del Señor,  hacen referencia al apego: “El sabio no debe confundir la mente de los ignorantes que actúan apegados al resultado de sus acciones; más bien, debe ejecutar sus acciones con desapego y devoción y así estimularlos a que hagan lo mismo”.

“Al igual que el fuego reduce todo combustible a cenizas, el fuego del conocimiento eterno aniquila todo apego a la acción. Cuando un sabio logra entregarse a la acción libre de apego, pronto ha de alcanzar la unión con Dios”.

“El devoto que renuncia al fruto de sus acciones, consigue la paz eterna. Por el contrario, el hombre que, acuciado por sus deseos y carente de devoción, busca la recompensa de sus acciones, de este modo se encadena a la esclavitud del apego a los resultados”. 

Anthony de Mello, en su obra: liberación interior da una interesante explicación del papel que juega la identificación en la humanidad mecánica: “Nos ata­mos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos queja­mos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres cons­ciente de tus cadenas? Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justifi­cación es el amor. ¿Qué amor? La rea­lidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquíticoque sólo abarca el yo, el ego. Ni siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos en libertad. Entonces, ¿cómo vamos a saber amar a los demás, aunque sean nuestros es­posos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo nuevo”.

(Texto encontrado en un foro espiritual)

sábado, 14 de mayo de 2016

LOS CHAKRAS ILUMINADOS


"Antes del comienzo todo era nada, sólo la chispa de la conciencia divina. De esta chispa, surgió toda la creación... girando desde el centro... girando en el tiempo... girando en el Ser... girando en Ruedas de Vida".

EL ÁGUILA Y LAS GALLINAS


Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.
Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?
Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas. La vieja águila miraba asombrada hacia arriba.
-¿Qué es eso?, preguntó a una gallina que estaba junto a ella.
-Es el águila, el rey de las aves, respondió la gallina. Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a ella.
De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral.

- Anthony de Mello -

domingo, 8 de mayo de 2016

LA NECESIDAD DE ACUDIR A UN GRUPO Y UNIR ESFUERZOS



Uno de los tres refugios que citó el Buda es el Sangha (la comunidad espiritual). Es necesario e interesante asistir siempre que se pueda a grupos espirituales, grupos de meditación y voy a explicar porque. Estamos en una época difícil para lo que es la espiritualidad, la sinceridad, la búsqueda de la perfección. Todo va contra esto. A parte nosotros no tenemos muchas inquietudes espirituales por lo general y nos cuesta bastante seguir el camino recto que nos han indicado los maestros y que nos acerca a nuestro Ser. En cuanto nos descuidamos, nos olvidamos de todo esto y empezamos a caminar mal. Por eso, el reunirse con personas afines a estos propósitos nos puede animar a seguir y nos puede enriquecer mutuamente. También en los centros se reúne energía y se forman como puntos de luz en los que podemos nutrirnos. Recordemos las palabras de Jesús: Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. No te voy a decir a que asociación tienes que ir. Opino que hay muchas y buenas. Guíate con tu corazón y ve a aquella con la que sientas más afinidad y creas que más te puede beneficiar. Aquí compartimos algunas de ellas. Lo que sí que te puedo decir es que si ves, por poner algunos ejemplos y puntos importantes: negocios en las instituciones (todos los verdaderos maestros no cobran por dar la enseñanza, menos deberíamos hacerlo nosotros), adulteraciones e interpretaciones sospechosas de las enseñanzas originales, falta de respeto y trato injusto de los directores hacía los alumnos o que son lideradas por nuevos “maestritos” sin ninguna evidencia concreta de su maestría, abandones el grupo y busques otro.    

Alberto

EL CORAZÓN



El palpitar del corazón es un proceso relativamente autónomo que, sin una técnica determinada (por ejemplo, biofeedback), se sustrae a la voluntad. Este ritmo sinusal es expresión de una rigurosa norma del cuerpo. 

El ritmo cardíaco imita el ritmo respiratorio, el cual sí es susceptible de alteración voluntaria. El palpitar del corazón lleva un ritmo rigurosamente ordenado y armónico. Cuando, por las llamadas arritmias, el corazón se encalla momentáneamente o se desboca, ello manifiesta una perturbación del orden y el desfase respecto al esquema normal.

Si repasamos algunas de las muchas frases hechas en las que se habla del corazón, veremos que siempre se refieren a situaciones emotivas. Una emoción es algo que el individuo saca de sí, un movimiento de dentro afuera (latín emovere = mover hacia fuera). Decimos: El corazón me salta de alegría = del susto, me ha dado un vuelco el corazón = se me sale del pecho = lo noto en la garganta = se me oprime el corazón. Si una persona carece de esta parte emotiva, independiente del entendimiento, nos parece que no tiene corazón. Si dos personas están bien compenetradas decimos que sus corazones laten al unísono. En todas estas imágenes, el corazón es símbolo de un centro del individuo que no está regido ni por el intelecto ni por la voluntad.

Pero el corazón no es sólo un centro, sino el centro del cuerpo; está aproximadamente en el centro, ligeramente ladeado hacia la izquierda, el lado de los sentimientos (correspondiente al hemisferio cerebral derecho). Está exactamente en el lugar que uno toca cuando se señala a sí mismo. El sentimiento y, más aún, el amor están íntimamente unidos al corazón, como nos indican ya las frases hechas. El que lleva a los niños en el corazón es que los quiere. Cuando se encierra a una persona en el corazón es que uno se abre a ella. Tiene gran corazón la persona que es abierta y expansiva, todo lo contrario del individuo de corazón mezquino, que no conoce sentimientos cordiales, que tiene el corazón duro. Ése nunca dejaría que nadie le robara el corazón y por eso en nada pone el corazón. El blando de corazón, por el contrario, se arriesga a amar con todo el corazón, infinitamente. Estos sentimientos apuntan a la superación de la polaridad que para todo necesita unos límites y un fin.

Ambas posibilidades las encontramos simbolizadas en el corazón. Nuestro corazón anatómico está dividido interiormente, y el «latido» es bitonal. Con el nacimiento del individuo y su entrada en la polaridad, consumada con la primera inspiración de aire, se cierra la divisoria del corazón con un movimiento reflejo y lo que era una gran cámara y un sistema circulatorio se convierte súbitamente en dos, lo cual el recién nacido suele acusar con llanto. Por otra parte, la representación esquemática del símbolo del corazón —tal como lo pintaría espontáneamente un niño— se compone de dos cámaras redondas que terminan en un vértice. De la dualidad surge la unidad. A esto nos referimos al decir que la madre lleva al niño debajo del corazón. Anatómicamente, la expresión no tiene sentido: aquí el corazón se considera símbolo del amor, y no importa que la anatomía lo sitúe en la parte superior del cuerpo cuando el niño se está formando más abajo.

También podría decirse que el ser humano tiene dos centros, uno arriba y otro abajo: cabeza y corazón, entendimiento y sentimiento. De una persona completa esperamos que disponga de ambas funciones y que las tenga en armónico equilibrio. El individuo puramente cerebral resulta incompleto y frío. El que sólo se rige por un sentimiento resulta con frecuencia imprevisible y atolondrado. Sólo cuando ambas funciones se complementan y enriquecen mutuamente, el individuo se nos aparece redondo.

Las múltiples expresiones en las que se invoca el corazón indican que lo que hace perder al corazón su ritmo habitual y mesurado es siempre una emoción, que tanto puede ser el miedo que dispara el corazón o lo paraliza, como alegría o amor, las cuales aceleran de tal modo los latidos que uno los siente en la garganta. Lo mismo ocurre con las perturbaciones patológicas del ritmo cardíaco. Sólo que aquí la emoción que las provoca no se advierte. Y éste es el problema: las perturbaciones afectan a las personas que no se dejan desviar de su camino por «simples emociones». Y el corazón se altera porque el ser humano no se atreve a dejarse alterar por las emociones. El individuo se aferra a la razón y a la norma y no está dispuesto a dejarse gobernar por los sentimientos. No quiere romper la rutina de la vida por las acometidas de la emoción. Pues bien, en estos casos la emoción pasa al terreno somático y uno empieza a padecer trastornos cardíacos y tiene que auscultar su corazón literalmente.

Normalmente, no percibimos los latidos del corazón: sólo una emoción o una enfermedad nos hacen sentirlos. No percibimos los latidos del corazón más que cuando algo nos excita o cuando algo se altera. Aquí tenemos la clave para la comprensión de todos los síntomas cardíacos: son síntomas que obligan al individuo a escuchar su corazón. Los enfermos cardíacos son personas que sólo quieren escuchar a la cabeza y dejan en su vida muy poco espacio al corazón. Esto se aprecia especialmente en el cardiófobo. Se llama cardiofobia (o neurosis cardíaca) a una angustia, sin fundamento físico, por el funcionamiento del propio corazón, que induce a una observación enfermiza del corazón. El miedo al ataque al corazón es tan fuerte en el cardioneurótico que éste no tiene inconveniente en cambiar totalmente de vida.

Si buscamos el simbolismo de este comportamiento, apreciaremos una vez más la sabiduría y la ironía con las que actúa la enfermedad: el que sólo quería regirse por el cerebro, es obligado a vigilar constantemente su corazón y supeditar su vida a las necesidades del corazón. Tiene tanto miedo de que su corazón un día se pare —miedo, por otra parte, totalmente justificado— que vive pendiente de él y lo sitúa en el centro de su mente. ¿No tiene gracia?

Lo que en el neurocardíaco se opera en el plano mental, en la angina de pecho ya ha pasado al cuerpo. Los vasos que llevan la sangre al corazón se han endurecido y estrechado y el corazón no recibe suficiente alimento. Aquí no hay mucho que explicar, pues todo el mundo sabe lo que significa un corazón duro o un corazón de piedra. Angina equivale a angostura, y angina de pecho, por lo tanto, es estrechez de corazón. Mientras que el cardioneurótico experimenta esta estrechez en forma de ansiedad, en el enfermo de angina pectoris esta estrechez se ha concretado. La terapia aplicada por la medicina académica en estos casos tiene un simbolismo original. Se administra al enfermo cápsulas de nitroglicerina (por ejemplo, «Cafinitrina»), es decir, material explosivo. De este modo se dilatan las estrecheces, a fin de volver a hacer sitio para el corazón en la vida del enfermo. Los enfermos cardíacos temen por su corazón, ¡y con razón!

Pero muchos no entienden la invitación. Cuando el miedo al sentimiento crece de tal modo que uno sólo se fía de la norma absoluta, la solución es hacerse colocar un marcapasos. Y así el ritmo vivo se sustituye por un marcador de compás (¡el compás es al ritmo lo que lo muerto es a lo vivo!). Lo que antes hacía el sentimiento lo hace ahora un aparato. Pero, si bien uno pierde la flexibilidad y capacidad de adaptación del ritmo cardíaco, ya no ha de temer los brincos de un corazón vivo. El que tiene un corazón «estrecho» es víctima de las fuerzas del Yo y de sus ansias de poder.

Todo el mundo sabe que la hipertensión favorece el infarto de miocardio. Ya hemos visto que el hipertenso es un individuo que tiene agresividad pero la reprime por medio del autodominio. Esta acumulación de energía se descarga por el infarto de miocardio: le rompe el corazón. El ataque al corazón es la suma de todos los ataques no lanzados. En el infarto, el individuo comprueba la verdad de que la sobrevaloración de las fuerzas del Yo y el dominio de la voluntad nos aísla de la corriente de la vida. ¡ Sólo un corazón duro puede quebrarse!

ENFERMEDADES CARDÍACAS

En los trastornos y afecciones cardíacas debería buscarse la respuesta a las siguientes preguntas:

1. ¿Tengo la cabeza y el corazón, el entendimiento y el sentimiento en un equilibrio armónico?
2. ¿Dejo a mis sentimientos espacio suficiente y me atrevo a exteriorizarlos?
3. ¿Vivo y amo con todo el corazón o sólo con la mitad?
4. ¿Mi vida es animada por un ritmo vivo o trato de forzarle un compás rígido?
5. ¿Hay aún en mi vida combustible y explosivo?
6. ¿Ausculto mi corazón?

(La  Enfermedad  Como  Camino, Thorwald  Dethlefsen y Rüdiger  Dahlke)

domingo, 1 de noviembre de 2015

PSIQUIS


Antonio Canova (Italia, 1757–1822) | Cupido y Psyche | 1794

Poco se sabe de la genealogía de Psiquis. Dícese que tuvo hermanos mayores. De su padre sólo se conoce su calidad de rey. ¿De qué país? Se ignora. ¿Cómo se llamaba? No lo sabemos. Respecto a su madre, no podemos dar otro detalle que el de su calidad de esposa del rey. Era, por lo tanto, reina. En cuanto al nombre de sus hermanas, princesas como la propia Psiquis, no nos encontraríamos menos apurados si no aceptáramos el auxilio de Moliére. El gran poeta cómico las llama Aglaura y Cidipa, nombres o apellidos que, dicho sea de paso, no cautivan por su elegancia. Los damos, pues, con ciertas reservas, escudándonos en el entusiasmo y la notoriedad del ilustre poeta francés. 
Pero todo tiene su compensación, porque si realmente no poseemos gran riqueza de detalles respecto a la familia de Psiquis, tenemos, en cambio, un caudal informaciones respecto a nuestra princesa. 


El Amor y Psiquis 

Psiquis era muy bonita. No había en aquellos remotos tiempos criatura divina o humana más graciosa ni más hermosa que ella. Venía gente de todas partes para admirarla. Los fanáticos llevaban su entusiasmo hasta erigirle altares. Pero a pesar de la cantidad y la calidad de sus adoradores, ninguno se atrevía a solicitar su mano. Y lo grave del caso era que sus hermanas Aglaura y Cidipa hacía ya largo tiempo que habían abandonado la casa paterna del brazo de poderosos se-ñores, mientras que Psiquis parecía destinada a quedarse soltera. Triste y desconcertado por aquella realidad insólita, su padre creyóse víctima de un castigo celeste. Por eso se decidió a interrogar a un célebre adivino, muy prestigioso por su ciencia y buen criterio, llamado Harpócrates, hijo de Isis y de Osiris. He aquí la respuesta que recibió: 

Expón sobre un peñasco a tu hija querida, 
para un himeneo de muerte, bellamente vestida: 
no esperes para ella la mano de un mortal, 
sino un dragón terrible, un monstruo colosal, 
que con alas veloces el espacio cruzando, 
lleva consigo el fuego y el acero nefando; 
pues a Júpiter hiere, a los dioses espanta 
y hasta vence al Estigia, cuyas olas levanta. 

Nos permitimos suponer que Venus no era ajena a la redacción de esta orden cruel, pues parece ser que, celosa de su rival en belleza, había encargado a su propio hijo Cupido que usara de su poder para inspirar a la odiosa mortal una extravagante pasión que la hiciera desgraciada y ridícula. 
Fue preciso someterse al oráculo, y los padres de Psiquis, llorando amargamente, condujeron a la linda criatura a lo alto de una montaña aislada y la abandonaron a su triste suerte. 
Pero Cupido, por su parte, desciende del Olimpo para satisfacer los deseos de su madre; llega a la montaña y se prepara a sacar de su carcaj la flecha que atraviesa los corazones. Impresionado por la sin igual belleza de Psiquis, Cupido se siente atraído por la rival de su madre y... vuelve el dardo contra sí mismo. 

Sí: es el mismo Eros
que suspira al amor... 

Tan enamorado está de la gentil princesa, que quiere tomarla por esposa. Cupido ordena, pues, a Céfiro que se la lleve elevándose por los aires y que le ofrezca como morada el más precioso palacio que pueda imaginarse. 
Psiquis, dulcemente conducida e instalada por Céfiro, de acuerdo con las prescripciones de Eros, Cupido, se extasía ante las bellezas y esplendores que tiene frente a sus ojos. 
Cuando la noche se aproxima con su hálito sombrío, un ser misterioso envuelto entre los pliegues de su manto dice, con voz dulce, a Psiquis: 
—No temas nada, querida Psiquis; yo soy el dueño de este palacio y te lo ofrezco como regalo de nuestras próximas bodas, pues yo quiero ser tu esposo. Todo cuanto ves aquí te pertenece. Expresa un deseo, y será Inmediatamente satisfecho. Céfiro está a tus órdenes, y no tienes más que mandar para ser obedecida ciega-mente. Yo no exijo otra cosa de ti, en pago de mi afección, sino que te resignes a no verme. Con esta sola condición podremos vivir felices, muy felices. 
La aurora enviaba al mundo sus primeros rayos cuando el misterioso ser desapareció sin que Psiquis lograra verle la cara. 
Completamente convencida, Psiquis se acuerda de sus hermanas y quiere hacerlas partícipes de su alegría. Envía a Céfiro a buscarlas, y Aglaura y Cidipa no se hacen de rogar. Al ver la riqueza y la magnificencia del palacio de Psiquis; sus hermanas sienten una envidia feroz. Por eso empiezan a atormentar a la infeliz criatura cuando ésta leá cuenta ingenuamente la visita nocturna.  Aglaura por un lado y Cidipa por otro, se disputan las iniciativas más pérfidas para infiltrar la inquietud en el corazón de su hermana. Y le dicen con acento dulce .y protector: 
—¡Cómo te compadecemos, hermanita! Eres el juguete de un temible impostor; estas suntuosidades que ha puesto ante tus ojos no son otra cosa que un anzuelo para abusar de tu candor y de tu inocencia. 

El verdadero amor no exige condiciones, 
y quien se obstina en esconderse 
es que de alguna cosa se le puede acusar. 

—Si así no fuera —añadían aún sus hermanas—,  ¿qué temor ha de tener en aparecer a plena luz? Créenos y no seas tonta. Eres víctima de sus mágicos sortilegios. Es un monstruo, como ha dicho el oráculo. Si así te hablamos es por el cariño que sentimos por ti; no lo dudes un momento, que ya sabes cuánto te queremos. Asegúrate de la verdad de lo que te decimos, para que no llegues a caer en el lazo. Espera la próxima noche; esconde tu lámpara y, en cuanto se duerma, la acercas a su cara; así sabrás la verdad. Adiós, hermanita; sigue nuestros buenos consejos y ten la seguridad de que nadie como nosotras desea tu alegría y tu dicha. ¡Bésanos y buen ánimo! 
Después de este beso pérfido,  Aglaura y Cidipa se alejan del magnífico palacio de su hermana, satisfechas de haber sembrado la duda en el tierno corazón de Psiquis. 
Los falsos consejos de sus hermanas impresionaron vivamente a la joven princesa. Ésta siente ardientes deseos de saber y, confiada en la experiencia de sus hermanas mayores, observa al pie de la letra sus malévolas recomendaciones. En cuanto empieza a anochecer, enciende la lámpara, la disimula detrás de unas flores y espera. Su esposo no tarda en llegar; ella reconoce el acento de su voz y espera con ansiedad el momento del sueño. El misterioso amante duerme ya: el instante es favorable. Psiquis coge su lámpara, la levan-ta por encima de su cabeza para ver mejor y descubre un efebo de rosadas mejillas y de cabellos rubios, que no tiene nada de feo, muy al contrario. Su respiración lenta y regular exhala un aliento suave y perfumado. ¿Por qué temerle? Es imposible que aquel hermoso doncel pueda ser malo. Psiquis no puede apartar sus ojos de aquel cuadro delicioso. Está dominada por la emoción; su mano tiembla; la lámpara vacila; una gota de aceite cae sobre el brazo desnudo del durmiente y lo despierta. Éste ve a Psiquis y desaparece. El hechizo se ha disipado; ¡adiós palacios suntuosos, adiós selvas perfumadas! Ya no queda nada allí; ¡todo ha desaparecido! Sólo queda una roca salvaje, sobre la cual se la-menta la infortunada Psiquis, arrepentida de su falta y apenada por el remordimiento. ¡Fatal curiosidad! ¡Qué de lágrimas inútiles haces derramar a tantos ojos hermosos!
Venus, la divinidad, estaba radiante de alegría. Cupido, inconsolable, se había dirigido al Olimpo y presentado a Júpiter, suplicándole que le devolviera a su Idolatrada esposa. Júpiter se excusa suavemente: 
—El dios del Amor no puede unirse con una mortal. 
—¿Acaso no sois, ¡oh señor de los dioses!, todopoderoso para inmortalizar? 
Halagado por las sutiles lisonjas de Cupido, el soberano del Olimpo sonrió acariciando su majestuosa barba. Y, realmente, ¿puede acaso negar aquel favor al pequeño dios del Amor, que tan buenos recuerdos le despierta? Su ayuda le fue siempre oportuna y agradable; y es posible que aún se le presente ocasión de recurrir u sus excelentes servicios. Su prudencia, pues, le impulsa a no mostrarse con él demasiado riguroso. Que sea Mercurio quien reemplace a Céfiro en el servicio de Psiquis y que la conduzca al celeste imperio: esto ordena Júpiter. Éste echará en la copa divina la embriagadora ambrosía de la inmortalidad y colocará en las blancas espaldas de la gentil princesa unas lindas alitas de mariposa. 
Nada puede oponerse ya a la suspirada unión de Amor y de Psiquis. La boda se celebra con toda solemnidad. Los dioses todos asisten a la ceremonia y saborean el delicioso néctar, mientras las Musas y las Gracias aclaman a la nueva divinidad en medio del entusiasmo que levantan las danzas y los cantos del himeneo. 

(Emilio Genest, Figuras y Leyendas Mitológicas)

LA PARÁBOLA DEL DIAMANTE


Se parece la verdadera dicha interior al más espléndido de los diamantes, que cuando es encontrado por un diestro joyero ya no repara más que en él.

El que se deleita en la auténtica dicha interna ya no se obsesiona persiguiendo placeres o basando su contento en los objetos del exterior, lo que no quiere decir que no disfrute y se entusiasme, pero ya ha encontrado la fuente interna de felicidad y no necesita compulsivamente estar buscando otras que no son las genuinas ni las que le pueden otorgar la verdadera calma mental y la paz interior.

domingo, 25 de octubre de 2015

50 ANIVERSARIO DE LA ENCARNACIÓN DE SAMAEL EN SU DHIANI BUDHA AUN WEOR



Con motivo de un nuevo aniversario de la encarnación de Samael el 27 de octubre, os presentamos este vídeo que se hizo con motivo de su 50 aniversario. Un homenaje a la vida y obra del esoterista más destacado de la segunda mitad del siglo XX. 


MUNDOS INTERNOS, MUNDOS EXTERNOS


Mundos Internos fue creado por el fabricante canadiense de cine, músico y maestro de meditación Daniel Schmidt. La película podría ser descrita como el reflejo externo de sus propias aventuras en la meditación.


EGO, ESENCIA Y PERSONALIDAD


La conferencia EGO, ESENCIA Y PERSONALIDAD explicada por el maestro de la síntesis, es de vital importancia para entender de una forma muy clara la constitución del ser humano.

Lo que hace bello y adorable a todo niño recién nacido es su Esencia; ésta constituye en sí misma su verdadera realidad... El normal crecimiento de la Esencia en toda criatura, ciertamente es muy residual, incipiente. El cuerpo humano crece y se desarrolla de acuerdo con las leyes biológicas de la especie, sin embargo tales posibilidades resultan por sí mismas muy limitadas para la
Esencia. Incuestinablemente, la Esencia sólo puede crecer por sí misma sin ayuda, en pequeñísimo grado. Hablando francamente y sin ambages, diremos que el crecimiento espontáneo y natural de la Esencia, sólo es posible durante los primeros tres, cuatro y cinco años de edad, es decir, en la primera etapa de la vida. La gente piensa que el crecimiento y desarrollo de la Esencia, se realiza siempre en forma continua, de acuerdo con la mecánica de la evolución, mas el Gnosticismo Universal enseña claramente que ésto no ocurre así. Con el fin de que la Esencia crezca más, algo muy especial debe suceder, algo nuevo hay que realizar...Quiero referirme en forma enfática al trabajo sobre sí mismo. El desarrollo de la Esencia únicamente es posible a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios. Es necesario comprender que éstos trabajos no se refieren a cuestiones de profesión, bancos, carpintería, albañilería, arreglo de vías férreas o asuntos de oficina...Este trabajo es para toda persona que ha desarrollado la personalidad; se trata de algo psicológico.

Todos nosotros sabemos que tenemos dentro de sí mismos eso que se llama EGO, YO, MI MISMO, SI MISMO... Desgraciadamente, la Esencia se encuentra embotellada, enfrascada, entre el EGO y ésto es lamentable. Disolver el YO PSICOLOGICO, desintegrar sus elementos indeseables, es urgente, inaplazable, impostergable... éste es el sentido del trabajo sobre sí mismo. Nunca podríamos libertar la Esencia sin desintegrar previamente el YO PSICOLOGICO. En la Esencia está la Religión, el BUDDHA, la Sabiduría, las partículas de dolor de nuestro Padre que está en los Cielos y todos los datos que necesitamos para la AUTO-REALIZACION INTIMA DEL SER. Nadie podría aniquilar el YO PSICOLOGICO sin eliminar previamente los elementos inhumanos que llevamos dentro. Necesitamos reducir a cenizas la crueldad monstruosa de éstos tiempos; la envidia que desgraciadamente a venido a convertirse en el resorte secreto de la acción; la codicia insoportable que ha vuelto la vida tan amarga; la asqueante maledicencia; la calumnia que tantas tragedias origina; las borracheras; la inmunda lujuria que huele tan feo; etc. etc.... A medida que todas esas abominaciones se van reduciendo a polvareda cósmica, la Esencia, además de emanciparse, crecerá y se desarrollará armoniosamente. Incuestionablemente, cuando el YO PSICOLOGICO ha muerto, resplandece en nosotros la Esencia. La Esencia libre nos confiere belleza íntima; de tal belleza emanan la felicidad perfecta y el verdadero Amor. La Esencia posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes naturales. Cuando "Morimos en Sí Mismos", cuando disolvemos el YO PSICOLOGICO, gozamos de los preciosos sentidos y poderes de la Esencia. Como quiera que superior e inferior son dos secciones de una misma cosa, no está de más sentar el siguiente corolario: "YO SUPE-RIOR, YO INFERIOR" son dos aspectos del mismo EGO teneboroso y pluralizado. El denominado "YO DIVINO" o "YO SUPERIOR", "ALTER EGO" o algo por el estilo, es ciertamente una triquiñuela del "MI MISMO", una forma de AUTO-ENGAÑO. Cuando el Yo quiere continuar aquí y en el más allá, se Auto-Engaña con el falso concepto de un YO Divino Inmortal. Ninguno de nosotros tiene un "YO" verdadero, permanente, inmutable, eterno, inefable, etc. etc. etc. Ninguno de nosotros tiene en verdad una verdadera y auténtica Unidad de Ser; desafortunadamente, ni siquiera poseemos una legítima individualidad. El Ego, aunque continúa más allá del sepulcro, tiene sin embargo, un principio y un fin. El Ego, el Yo, nunca es algo individual, unitario, unitotal. Obviamente, el YO es "YOES". En el Tibet Oriental a los "YOES" se les denomina "AGREGADOS


PSIQUICOS" o simplemente "Valores", sean éstos últimos positivos o negativos. Si pensamos en cada "YO" como una persona diferente, podemos aseverar en forma enfática lo siguiente: "Dentro de cada persona que vive en el mundo, existen muchas personas". Incuestionablemente, dentro de cada uno de nosotros viven muchísimas personas diferentes, algunas mejores, otras peores... Cada uno de éstos Yoes, cada una de éstas personas, lucha por la supremacía, quiere ser exclusiva, controla el cerebro intelectual, o los centros emocional y motor cada vez que puede, mientras otro lo desplaza...La doctrina de los muchos Yoes fué enseñada en el Tibet Oriental por los verdaderos Clarividentes, por los auténticos Iluminados. Cada uno de nuestros defectos psicológicos está personificado en tal o cual Yo. Como quiera que tenemos millares y hasta millones de defectos, ostensiblemente, vive mucha gente en nuestro interior. En cuestiones psicológicas hemos podido evidenciar claramente que los sujetos paranóicos, ególatras y mitómanos, por nada de la vida abandonarían el culto al querido Ego. Incuestionablemente, tales gentes odian mortalmente la doctrina de los muchos "Yoes". Cuando uno de verdad quiere conocerse a sí mismo, debe auto-observarse y tratar de conocer los diferentes "Yoes" que están metidos dentro de la personalidad. Si alguno de nuestros lectores no comprende todavía ésta doctrina de los muchos "Yoes", se debe exclusivamente a la falta de plactica en materia de autoobservación. A medida que uno practica la Auto-Observación Interior, va descubriendo por sí mismo a muchas gentes, a muchos "Yoes" que viven dentro de nuestra propia personalidad. Quienes niegan la doctrina de los muchos Yoes, quienes adoran a un YO Divino, indubitablemente jamás se han Auto-Observado seriamente. Hablando ésta vez en estilo Socrático diremos que esas gentes no sólo ignoran, sino además, ignoran que ignoran. Ciertamente, jamás podríamos conocernos a sí mismos, sin la auto-observación seria y profunda. En tanto un sujeto cualquiera siga considerándose como Uno, es claro que cualquier cambio interior será algo más que imposible. Un hombre nació, vivió sesenta y cinco años y murió. ¿Pero dónde se encontraba antes de 1.900 y dónde podrá estar después de 1.965? La ciencia oficial nada sabe sobre todo ésto. Esta es la formulación general de todas las cuestiones sobre la vida y la muerte. Axiomáticamente, podemos afirmar: "EL HOMBRE MUERE PORQUE SU TIEMPO TERMINA, NO EXISTE NINGUN MAÑANA PARA LA PERSONALIDAD DEL MUERTO". Cada día es una onda del tiempo, cada mes es otra onda del tiempo, cada año es también otra onda del tiempo y todas estas ondas encadenadas en su conjunto constituyen la GRAN ONDA DE LA VIDA. El tiempo es redondo y la vida de la personalidad humana es una curva cerrada. La vida de la PERSONALIDAD HUMANA se desarrolla en su tiempo, nace en su tiempo y muere en su tiempo, jamás puede existir más allá de su tiempo. Esto del tiempo es un problema que ha sido estudiado por muchos sabios. Fuera de toda duda, el tiempo es la CUARTA DIMENSION. La geometría de EUCLIDES sólo es aplicable al mundo TRIDIMENSIONAL pero el mundo tiene siete dimensiones y la CUARTA es el TIEMPO. La mente humana concibe la ETERNIDAD como la prolongación del tiempo en línea recta, nada puede estar más equivocado que este concepto porque la ETERNIDAD es la QUINTA DIMENSIÓN. Cada momento de la existencia se sucede en el tiempo y se repite eternamente. La muerte y la vida son dos extremos que se tocan. Una vida termina para el hombre que muere, pero empieza otra. Un tiempo termina y otro comienza, la muerte se halla íntimamente vinculada al ETERNO RETORNO. Esto quiere decir que tenemos que retornar, regresar a este mundo después de muertos para repetir el mismo drama de la existencia, mas si la PERSONALIDAD humana perece con la muerte, ¿quién o qué es lo que retorna? Es necesario aclarar de una vez y para siempre que el YO es el que continúa después de la muerte, que el YO es quien retorna, que el YO es quien regresa a éste valle de lágrimas. Todo


RETORNO implica desde luego la fabricación de una nueva PERSONALIDAD HUMANA, ésta se forma durante los primeros siete años de la infancia. El ambiente de familia, la vida de la calle y la Escuela, dan a la PERSONALIDAD HUMANA su tinte original característico. El EJEMPLO de los mayores es definitivo para la personalidad infantil. El niño aprende más con el ejemplo que con el precepto. La forma equivocada de vivir, el ejemplo absurdo, las costumbres degeneradas de los mayores dan a la personalidad del niño ese tinte peculiar escéptico y perverso de la época en que vivimos. En estos tiempos modernos el adulterio se ha vuelto más común que la papa y la cebolla y como es apenas lógico, esto origina escenas dantescas dentro de los hogares. Son muchos los niños que por estos tiempos tienen que soportar llenos de dolor y resentimientos, los látigos y palos del padrastro o de la madrastra. Es claro que en esa forma la PERSONALIDAD del niño se desarrolla dentro del marco del dolor, el rencor y el odio. Existe un dicho vulgar que dice: "El hijo ajeno huele a feo en todas partes". Naturalmente, en esto también hay excepciones, pero éstas se pueden contar con los dedos de la mano y sobran dedos. Los altercados entre el padre y la madre por cuestión de celos, el llanto y los lamentos de la madre afligida o del marido oprimido, arruinado y desesperado, dejan en la PERSONALIDAD del niño una marca indeleble de profundo dolor y melancolía que jamás se olvida durante toda la vida. La PSICOLOGIA REVOLUCIONARIA del MOVIMIENTO GNOSTICO, en forma clara y precisa hace una distinción de fondo entre el EGO y la ESENCIA. Durante los tres o cuatro primeros años de vida, sólo se manifiesta en el niño la Belleza de la ESENCIA, entonces el niño es tierno, dulce, hermoso en todos los aspectos Psicológicos. Cuando el Ego comienza a controlar la tierna personalidad del niño, toda esa belleza de la ESENCIA va desapareciendo y en su lugar afloran entonces los defectos psicológicos propios de todo ser humano. Así como debemos hacer distinción entre EGO y ESENCIA, también es necesario distinguir entre PERSONALIDAD y ESENCIA. El ser humano nace con la ESENCIA mas no nace con la PERSONALIDAD, esta última es necesario crearla. PERSONALIDAD y ESENCIA deben desarrollarse en forma armoniosa y equilibrada. En la ESENCIA tenemos todo lo que es propio, en la PERSONALIDAD todo lo que es prestado. En la ESENCIA tenemos nuestras cualidades innatas, en la PERSONALIDAD tenemos el ejemplo de nuestros mayores, lo que hemos aprendido en el Hogar, en la Escuela, en la Calle... La calidad de la PERSONALIDAD HUMANA depende exclusiva-mente del tipo de material psicológico con el cual fue creada y alimentada. Alrededor de PERSONALIDAD, ESENCIA, EGO o YO, existe entre los estudiantes de psicología mucha confusión. Algunos confunden a la PERSONALIDAD con la ESENCIA y otros confunden al EGO o YO con la ESENCIA. Es urgente saber que necesitamos desintegrar el EGO, el MI MISMO, el YO, y reducirlo a polvareda cósmica. La PERSONALIDAD es tan sólo un vehículo de acción, un vehículo que fue necesario crear, fabricar. La PERSONALIDAD en sí misma sólo es un vehículo y nada más. A través de la PERSONALIDAD puede manifestarse el EGO o el SER, todo depende de nosotros mismos. 

(Samael Aun Weor, Temario Gnóstico)